lunes, 8 de junio de 2009

La ruta de las flores



La puerta del cuarto se abre sigilosamente dejando pasar las primeras luces del día. Blaqui se acerca a la cama, le acaricio la cabeza, da un par de lametazos y vuelve hacia la puerta. Entonces mi amoña le dice, no le despiertes, ¡cotilla!, siempre metiendo el hocico donde no te llaman, mira que eres cotilla. Cierra la puerta y le da besitos. Lo que no sabe es que la he oído desde que se ha levantado y que voy siguiendo sus pasos. Me levanto. Mientras se calienta el desayuno ella me enseña todas las flores del jardín. Las rosas blancas, rojas, rosas, azules, amarillas. La menta-chocolate, lavanda, tomillo, hierba Luisa, capullos de alelí, claveles blancos, rojos, begonias, margaritas de tallo enorme, y un sinfín de clases. Huelo la rosa roja, dan ganas de llevársela pegada a la nariz.

De pronto aparece mi aitona con la mano apuntando hacia el tejado.

Os he dicho que no hagáis el nido ahí. Mira que os tengo dicho, ¡no me hacéis ni caso!. Seguís ahí tan felices, ¡cuándo aprenderán, mira que les digo, nada, no hay nada que hacer! . Se ríe.

Hoy almuerzo cerezas.