
1
Suena una música rara en la radio. He plantado tres árboles debajo de mi casa.
2
Me encontré con Laura en la curva del puente de madera. ¿Laura?, ¿Leyre?, cuánto tiempo. Reencuentro después de diecisiete años. Asusta pensar que son diecisiete, que quizás con cincuenta vuelva a encontrarla y sean otros muchos a sumar. Lo cierto es que recordaba sus ojos azules y piel blanca pero con menor estatura, apenas medio metro del suelo. El tiempo inquieta, ¿Cómo es posible que dos personas que trataron un tiempo no hayan coincidido nunca hasta hace dos días?. Pasa, y mucho. Lejos del colegio, ahora todos gobiernan su vida, y una piensa en la suya, que se zambulle entre olas. Va y vuelve.
Para un cumpleaños, me regaló mi padre una cruz de Caravaca y unos pendientes de oro. Sentada en la silla del teléfono abrí el primer regalo. ¿Te gusta?, tengo otro más, qué pensabas que solo uno ¿eh?, abre éste. Llevé la cruz muchos años hasta que decidí aparcarla en el cajón de la cómoda para que nunca se perdiera. Dicen que da suerte, dicen. Mi padre era una persona más bien especial, no regalaba cualquier cosa. Ahora puede que la necesite.
Suena una música rara en la radio. He plantado tres árboles debajo de mi casa.
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Me encontré con Laura en la curva del puente de madera. ¿Laura?, ¿Leyre?, cuánto tiempo. Reencuentro después de diecisiete años. Asusta pensar que son diecisiete, que quizás con cincuenta vuelva a encontrarla y sean otros muchos a sumar. Lo cierto es que recordaba sus ojos azules y piel blanca pero con menor estatura, apenas medio metro del suelo. El tiempo inquieta, ¿Cómo es posible que dos personas que trataron un tiempo no hayan coincidido nunca hasta hace dos días?. Pasa, y mucho. Lejos del colegio, ahora todos gobiernan su vida, y una piensa en la suya, que se zambulle entre olas. Va y vuelve.
Para un cumpleaños, me regaló mi padre una cruz de Caravaca y unos pendientes de oro. Sentada en la silla del teléfono abrí el primer regalo. ¿Te gusta?, tengo otro más, qué pensabas que solo uno ¿eh?, abre éste. Llevé la cruz muchos años hasta que decidí aparcarla en el cajón de la cómoda para que nunca se perdiera. Dicen que da suerte, dicen. Mi padre era una persona más bien especial, no regalaba cualquier cosa. Ahora puede que la necesite.
La ilustración es de J. Rechula ;-)



