sábado, 31 de enero de 2009

La sustituta


En navidad trabajé unos días en un centro de salud. Conocí a la administrativa, sustituta, que terminaba un día más tarde que yo. En el descanso estaba apurada porque no tenía experiencia y la compañera hacía el doble de trabajo. Me voy, me voy, repetía, que no sé ni para qué he subido.

A última hora apenas había trabajo, era entonces cuando ella daba rienda suelta a la franqueza, vaya día, ya lo siento si te he desesperado. La compañera asentía con antipatía, pues durante toda la tarde las colas en información habían sido devastadoras.

Parecía una persona muy completa, familia numerosa, dos trabajos de mañana y tarde además de su propia casa y cuidar de todos. Mucho. Después de esa tarde no la vi más.

Al tiempo coincidí con la chica a la que sustituyó durante aquellos días. La encontré troceando rodajas de tomate en la sala de descanso. Para mi gusto, bañados exageradamente en aceite, y de vinagre, ni gota. Le pregunté por su sustituta.

No he conocido persona más incompetente, volvió para sustituir a otra chica y me tocó trabajar con ella, a la tercera explicación perdí los estribos y decidí dejar de hablarle. Le dije que no entendía cómo había podido firmar un contrato sin saber nada, que hubiera venido una mañana para preocuparse del funcionamiento. No va a volver más. Hemos llamado a personal y no vuelve a pisar el centro, más vale. Lo justo hubiera sido haberme llevado su sueldo, pero es muy bonito aguantar hasta el último día del contrato para levantarse el dinero sin hacer absolutamente nada.

Entendí el enfado de una y la impotencia de otra. Muchas veces el procedimiento de selección para un trabajo es nefasto, las exigencias no son las mismas para uno que para otro. Es inútil hacer de menos la implicación de alguien, si ni siquiera adquieres el compromiso de ayudarle, así como lo es obtener un trabajo sin un previo conocimiento. Posiblemente los días fueran un infierno para ambas, pero si una cola devastadora era la mayor de las preocupaciones o carecer de experiencia es sinónimo de incompetencia, al menos más vale pensar que los derechos y obligaciones de cada uno están en el respeto y la comprensión y que perder el juicio es como almacenar paja en el cerebro.


El autor de la imagen, Fernando García.

1 comentario:

Silvia dijo...

La verdad que esto de las relaciones entre compañeros laborales es todo un mundo... Lo mejor es echarle paciencia al asunto.

Bss.