lunes, 26 de enero de 2009

El circo


1

El elefante alarga su trompa. Los niños bajan del público pataleando las escaleras a toda prisa. Katia aguanta los globos y sonríe tocando la piel del animal. Lucía aprieta fuerte la cruz, aplausos, todos los aplausos. Juan aguanta de pie para verla sonriendo en la cola. La magia viaja con ellos.

2

Katia reposaba en la sala de espera tumbada en una camilla. Su hija, cerca, sujetaba una revista y entonaba los ojos de vez en cuando resistiendo al color grisáceo de las paredes, como si de las mismas saliera un verde esperanzador y las sacara de allí en volandas. Sí, ya, es la hora, todo está bien, descansen, no tendrán que volver, los resultados son fantásticos, le queda una larga vida por delante. Katia dormía. Las sillas de ruedas se agolpaban a lo largo de la pared, hacían huecos los que iban, los ocupaban los que volvían. Lucía agarraba la parte de atrás de su bata caminando hacia el servicio. Juan, que se encontraba al lado, le señalaba la luz.

Pequeño es el mundo en aquellos míseros metros cuadrados, sin embargo, se pueden descubrir familias, nadie está solo. Se penaliza la estupidez de la tristeza. No, no, ni pensarlo, nada de jugar al escondite, imaginemos el circo, ¿os acordáis del circo?.