jueves, 25 de septiembre de 2008

Un sin fin de posibilidades


“Todas las tardes ensayaba junto a ella el punto de cruz. Hice bufandas para las muñecas, me lo enseñaba todo. Las vestía, aseaba y peinaba. En un rinconcito de la sala hacía las comidas, amontonando hierba, lentejas, macarrones, y algún que otro garbanzo que sobraba de la partida de cartas de mi abuelo, más un poquito de agua. También aprendí a perfumarlas, amarraba todos los botes de colonia que había por la casa, mezclando gotas en un balde abarrotado de flores.


¡Vòila! ¡abuela , huele a ti!.


Nunca me gustó maquillarlas”.

El atardecer



Desde lo alto se ve todo diminuto. Tejados, caminos lombriz, verde, marrón, violeta, naranja. El cielo se toca con los ojos, todo parece templado, limpio y tranquilo. Doy curva la derecha, curva hacia la izquierda y me incorporo a una zona plana, llena de verde, para ver el atardecer.

Los picos se van comiendo al sol, las nubes lo arrinconan y de pronto desaparece.


La imagen es del monte Jaizquibel.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El amor, ¿cobardía?



Tras el teléfono se oye una voz rara, es ella, pero no es ella, es ella. La voz titubeante, nerviosa, inquieta, risueña, y es ella pero no es ella.

- Cualquier día mato a mi madre de un disgusto.

- ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?.

- Nada, no ha pasado nada, no, nada, bien, pues no es que me pase nada, pero es que pobre mujer. Es que mira que lo he intentado... he querido contárselo, pero es que no…nonono… pobre, ella no lo entendería. En realidad yo sé que quiere lo mejor para mí.

- Pero por qué, ¿te pasa algo? No entiendo nada. Qué pasa.

- Me he enamorado.

(Silencio)

Estoy loca, no lo sé, pero ya no podía más. Si es que qué hago con mi vida, llevo años sin sentir esto, y ahora qué, ahora mira, me he enamorado y qué hago. Y me brillan los ojos, demasiado, lo noto.

- Enamorarte no es un problema, el amor es así, no entiende de ahora, de después, no entiende, el amor es así, no lo sé. ¿No eres feliz?.

- No, soy una cobarde.


La fotografía

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El momento de gloria y de locos.


He llegado de trabajar hambrienta y he decidido hacerme un bocadillo de nocilla. Toda la tropa, así es como especifico a mis hermanas y al perro, estaban en el sofá viendo los dibujos. Es el mejor momento para incordiar, el momento de gloria. Kharen no para de mirar el bocadillo.

K.- ¿¿Me das un cacho?? ¡Quiero un cacho! .

L.- No, pero, ¿no estás a dieta? El médico te dijo que estabas a dieta y sabes que hay que hacerle caso.

K.- ¿Qué día más bonito hace hoy verdad?.


La ilustración es de Enara

sábado, 6 de septiembre de 2008

Me recuerda -Esther Phillips -



Alguna vez me han solido preguntar, ¿qué música te gusta?, la que me facilita un día, me hace pasar un buen momento, me recuerda, la que me transmite. No tengo ninguna decantación. Reconozco que hay grupos que me ponen los pelos de punta, pero escucho cualquiera.

Iba a poner And I Love Him , pero creo que esta tarde me acompaña la que publico. Me recuerda a buenos paseos, risas, sobre todo me recuerda, ahí va.

viernes, 5 de septiembre de 2008

De espalda gruñona


La espalda es una quejicosa. Mira que le digo que se esté callada, que así la mar de bien, que los cojines la miman, la abrazan. Nada, no hay manera de que esté tranquila, así que ante tanta insistencia he tenido que vestirla de olimpiada e ir a regañadientes a la piscina. Primer inconveniente, sólo hay dos calles adaptadas para nadar. En la primera, una mujerona fuerte que nada a 3 por hora, en la de alado un hombre armario, a 100 por hora. Por un momento he tenido dudas matemáticas. Decido ubicarme en la de la mujer.

A los 10 minutos el hombre se marcha, pero ya tarde. Al cabo de un rato decido salir y me voy al baño de vapor, aguanto 10 minutos, sauna, 3 minutos, Jacuzzi, 20 minutos.

Segundo inconveniente, las aspas que permiten el paso a hidroterapia no me dejan salir. Salto por encima, se vuelve a quejar. ¿Pero qué demonios te pasa? . No contesta. De camino a los vestuarios abro la taquilla con la mala suerte de que la moneda sale disparada por el pasillo, Ahora no te quejas, ¿eh?. No contesta. Ya dentro, una señora no para de mirarla, quien sabe si la oye crujir. En la salida surge el tercer inconveniente, la tarjeta no va, no emite la señal para que se abran las aspas. Me abren desde recepción y es ahí cuando decide comentar con descaro:


- Pareces nueva.


La imagen es de David Ruiz.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Te acompaño


- ¿Por qué siempre me acompañas a la puerta? pareces una madre.

- No sé, siempre lo he hecho, se podría llamar educación, qué se yo. ¿No te gusta que te acompañe?

- Me hace gracia, no estoy acostumbrada.

- Deberías, a mi me gusta que me acompañen.

- Al final vas a tener razón.

- Y el día que no lo haga qué, ¿eh?.

- Ese día no estarás en casa.


martes, 2 de septiembre de 2008

Soy artista


Berlín parece precioso, parece, porque nunca he estado allí. Sólo lo veo por fotos. Así me pasa con muchos lugares. Mi padre solía decir que no había nada más bonito que su Donosti natal. En cierto modo tenía razón, porque bonito es, pero quizá lo que lo hace bonito no es el lugar, sino quién está en él.

Hace cosa de una semana conocí a una persona admirable. Estaba trabajando durante las mañanas en un albergue. Me sorprendió por detrás, y como me encontraba muy atareada no quise hacerle mucho caso. Ehh.. disculpa, ¿cómo se llama?. Mi segunda respuesta fue, soy artista, pensando que solo así me lo quitaría de encima, muy ingenua por mi parte. Abrió sus ojos almendrados, ¿en serio?, yo soy músico, llevo tocando desde los 4 años, ¿y tú a qué te dedicas ?. Paré, porque me pareció que la respuesta daría para largo. Tras varios intentos de avanzar con el trabajo, pues estaba perdiendo mucho el tiempo a pesar de estar tan cómoda, no hubo nada que hacer. Salí de allí con una bolsa cargada de libros y cd´s de música clásica comprometiéndome a hacerles un hueco en mi casa hasta que él pudiera volver, ya que esa misma mañana marchaba sin rumbo fijo. Puedes quedarte con el que quieras, no me importa, pero cuídamelos.

Nada más llegar a casa los coloqué sobre la mesa del estudio, ojeé algunos, la mayoría en italiano. En el interior de uno de ellos, había dos hojas sueltas que al abrir cayeron sobre la mesa. Dos cartas, una de papá y otra de mamá. Las leí, después se me aceleró el corazón, pero las leí. Pensé que aquello no me pertenecía, pero a la vez me di cuenta de la autenticidad de aquella conversación, de que todo lo que dijo, habló, pensó, fue tan verídico como las cartas que yo me dediqué a usmear.

Parece mentira como a veces, según la cabeza, lo momentos, el lugar, podemos ser capaces de disfrazarnos, de parecer estar ocupados, ser invisibles ante alguien tan real.

En la fotografía, dos artistas en Berlín.