
Todavía me acuerdo de sus ojos, le vi pasar cerca, parecía que tuviera prisa dando zancadas entre tanta gente, y me vio. Entonces se paró y me dijo con esa sonrisa blanca que no se borra. Cuánto tiempo. Sí, mucho, demasiado, respondí.
-Me caso.
Apenas me puse nerviosa. Pasaron decenas de imágenes por la cabeza, todas ellas bonitas. Y continuó:
-Le pedí la mano en la playa, entre miles de velas y fuegos artificiales. Lo preparé todo.
Clavé fijamente las pupilas, sonriendo, quizá como nunca me había atrevido a hacer. Exploré todo y cada uno de sus gestos. Contagiaba.
El primer amor es ese en el que nunca te equivocas, pensé.
La fotografía es de aquí


