jueves, 31 de julio de 2008

Curiosos ojos azul celeste


A María la conocí hace tres años. Entraba en la tienda con unos pantalones vaqueros y su melena rubia. Todavía recuerdo el color gris de la camiseta que se probó, muy acorde con su estado emocional por aquel entonces. María era una niña que rondaba los 14 años. Llevaba días viendo la camiseta en el escaparate y ese día entró para probársela. No hacía más que decir que le quedaba horrorosa y que estaba tan gorda que todo le sentaba mal. Arrojaba palabras muy duras que chirriaban los oídos y todavía más saliendo de aquella boca pequeña, quiero decir, aún por formar.

Era una niña delgada, normal, guapa y muy simpática. Aquel día nos quedamos un largo rato debatiendo sobre su gordura. En realidad se trababa de una alucinación, un algo que hacía que ella se viera así. Al cabo de los días se presentó de nuevo en la tienda muy sonriente, pero ésta vez no vino a probarse nada, sino más bien a hacerme una visita. Empezamos a hablar, recuerdo que era un agosto de calor infernal, nadie se dedicaba a probarse ropa, la tienda estaba siempre vacía. Le cedí un asiento y le dije que se pusiera a mi lado para poder hablar cerca. Las frases se alargaban sin prisas y se concentraban premiosamente en los detalles. Sus ojos se interesaban por todo, eran curiosos ojos azul celeste.

Los días se convirtieron en visitas largas, me contaba su vida. Lloró, pude ver el azul celeste brotar sobre su mejilla. Nos fundimos en un fuerte abrazo.

Hace unos días vi a María, después de mucho tiempo. Hacía un rato que había llamado a mi madre porque no me encontraba muy bien. La esperé en el banco del paseo, refugiada bajo la sombra de los árboles y sintiendo la brisa fresca. Por allí pasaba ella con una amiga, ya mayor, o eso me pareció, muy mayor. Su gesto de sorpresa resultó imposible de confundir. Allí estaba ella. Te veo pálida, parece que te acabas de levantar de la cama, me he quedado asustada cuando te he visto así, la miré con la cara que pude y le dije que sólo estaba un poco mareada. Me va todo bien, vengo de la academia para que no se me olvide lo que he dado este año y en agosto me voy de vacaciones al pueblo. María, siempre tan encantadora.

sábado, 26 de julio de 2008

Kharen ¡Zorionak!




Seguirá creciendo todos los veranos, pero éste es especial.Para que vuele sólo un par de segundos y se acuerde de él, que tanto la estará observando.



¡Feliz cumpleaños princesita!



PD: Voy ahora mismo a que abra mi regalo, los demás me importan un bledo, mala hermana.

viernes, 25 de julio de 2008

Todo lo bueno que ya poseemos.


De golpe, me ha venido la frase que he colocado en el título. “Todo lo bueno que ya poseemos” y seguidamente la palabra "Gratitud".
Es verdad que todo pasa y que lo nuestro es pasar, me refiero a la vida. La infancia, cuántas veces hemos dejado un plato de pescado porque nos dolía la tripa y nuestros padres nos han enseñado:

“Otros no tienen para comer y tu queriendo dejar el pescado”.

No había más remedio que asentir con la cabeza y comer los pocos trozos que faltaban. Y ahora no es sólo ésto lo que me viene a la cabeza, sino un sin fín de cosas.

Por eso doy gracias a la vida, por tener siempre un plato para comer, por el amor incondicional de una familia, gozar de una buena salud y en cualquier caso tener a una doctora cuando sea necesario. Por haberme dado la oportunidad de conocer un mundo mágico de amor, pasión y ternura. Por haber sido frágil cuando lo he sido, por haber sido fuerte cuando lo he sido. Por concederme oportunidades y no pensar nunca en un tren perdido ni olvidado, por sacar todo lo bueno que tengo dentro y compartirlo. Por soñar y participar en mis sueños, ser inocente, salvaje y silenciosa.

Doy las gracias por llevarse de ella a quien se haya tenido que llevar, a pesar de lo injusto y del miedo que provoca. Doy las mil y una gracias por vivir.

La fotografía: San Juan de Gaztelugatxe. Lugar encantador.

domingo, 20 de julio de 2008

No hay mal que por bien no venga


Última hora de la mañana, después de tanto tiempo el edificio de sanidad ha sido renovado. Subo las escaleras hasta la tercera planta, dos señores mayores bajan a duras penas apoyándose sobre la barra. En la primera planta, ni un alma, en la segunda planta, lo mismo. Sigo pasillo adelante sofocada por el olor a medicamento. Sillas vacías, calor masificado, me voy, me quedo, cómo me voy a ir, ahora qué le voy a contar. Entretanto la doctora sale a la sala de espera.

- ¿Me esperas un poquito? Tengo una urgencia.

- Sí, claro tranquila.

(10 minutos)

- Pasa cuando quieras.

El lugar de siempre, las ventanas cerradas, sillas incómodas, no sé por dónde empezar.

- No he querido darle la mayor importancia, pero al final me han hecho venir.

- Y dices que se te ha pasado.

- Sí, ya no me noto nada.

- Pues no te preocupes, eres muy joven, habrá sido algo sin ninguna importancia, en el caso de que se repitiera varias veces vienes y lo miramos.

La noto diferente, está simpática. Aprovecho la situación para que me haga unas cuantas recetas. No dice nada, normalmente siempre pone caras raras. Es última hora de un viernes, puede ser eso, que sea viernes o que se va de vacaciones. Ahora sí, me mira con cara rara.

-¿Eres pensionista?

- Sí, claro.

Recuerdo esa pregunta-respuesta la última vez que la visité.

-Pero si eres muy joven.

- Sí, lo soy.

Tengo una conversación de lo más curiosa con la doctora, se interesa por todo lo que le cuento y me sonríe. Por fin, tras varios años me convence de que es una persona normal.

Locura


- Hay veces que te echo terriblemente de menos.

- ¿Tan terrible?

- Sí, da miedo.

- ¿Y eso?

- Es apocalíptico.

- Exageras.

- ¿Y tú?

- También exagero.

- ¿Entonces?

- Me enloqueces.

sábado, 19 de julio de 2008

Nerea


Se casan, y que cundan las sorpresas.

Para la niña que conocí cuando vivía en Francia y a la que siempre le han brillado los ojos, por la de veces que me hacía reír, por los macarrones con atún que preparaba mi madre cuando ella venía todos los martes. Por dormir en una camita muy pequeña, arrimar el culo y discutir quién de las dos abrazaba al oso. Y porque le debo 5 años de carrera de intensa felicidad, estamos ante un verdadero tesoro.

Para ti y toda esa gran familia que te quiere tanto como te quiero yo.

Marcelino



Tan tranquila comiéndome el cuscurro de la barra de pan que acababa de comprar y paseando al perrito, me paró un señor muy amable.

- Perdona, es que te veo comer el pan y me has recordado una cosa, ¿te importa que te cuente? es sólo un segundito.

- No, claro.

- En mis tiempos cuando era jóven sólo existía el pan negro, ahora ya sabes que hay muchas clases de pan. Te estaba viendo comer pan y me recordó a una situación que viví de pequeño. Por aquel entonces acababa de pasar la guerra, yo paseaba comiendo pan y un hombre me dijo que si le daba un trozo a su perro, vería rápidamente cómo se le caería el rabo. Ahora los perros no quieren saber nada de pan, pero por aquel entonces bien que les gustaba. ¿Sabes qué hago yo con los mios?, un amigo me da sacos enteros de pan duro, lo cuezo con un poquito de arroz, un trozo de hueso de lo que sea y se lo comen que da gusto.

- Pues mire yo, pan sólo, ¿ve lo rico que está?, luego no llega a casa ni la mitad.

- Sí, eso me pasa a mi también.

- ¿Quiere un trozo?.

- Mmmmnnn…no, es igual, uno pequeño, un trocito pequeño. Hay a dos cosas que nunca digo que no, al pan y al vino.

- ¡Al buen vino!.

- Y al malo también.

miércoles, 16 de julio de 2008

"Money" - Liza Minnelli, Joel Grey



¡¡¡¡Moneyyyyyy moneyyyyyyyyyy!!!!

viernes, 11 de julio de 2008

Las quinceañeras preocupan (Ganar-Perder)


Están en una edad complicada, todos sabemos que 16 años es múltiplo de 16 fiestas, 16 cigarros, 16 kalimotxos y podría seguir. Entran en cólera de suspiros y levantamiento de hombros, llegan a mi casa a decirme que sólo les dejan hasta la una de la mañana, que cómo puede ser, que cuando lleguen a la fiesta –organizada-casi se tienen que marchar. Evidentemente tienen razón. Cosas así nos han pasado a todos, la vida sigue y se ve diferente.

Precisamente porque todo vuelve, pensamos que podemos actuar de forma correcta, pero no, la experiencia no siempre ayuda y ahora se conecta con culpabilidad ¿Y si les pasara algo?, les puede pasar en cualquier momento pero, ¿y si les pasa justo cuando cedo? . Entramos en la profundidad del tema, sí, así de fácil, tan igual como saciarte a kalimotxos.
Hago un par de llamadas, sé que puedo ir a buscarlas a las tres de la mañana –no cedo-, que es lo que piden. Quizás como nadie vuelva a la una pueda ocurrir cualquier barbaridad, porque vuelven solas. Al final entramos en una especie de juego en el que o ganamos o perdemos.

La imagen: El lugar de la fiesta. Las terrazas del Kursaal.

Enferma


Está sentada en la terraza. Toma un café con su madre, el perro revolotea por los alrededores. Sé que no está bien, su madre no está bien. Me dice con buena cara que le han puesto todos los chiringuitos de las ferias debajo de casa, le digo que yo miraré ahora, que todavía no he visto nada pero que seguramente duerma en otro cuarto porque será insoportable. Entre tanto la madre pide agua, y la quiere ya. Entonces nos despedimos, mañana bajaremos a tomar algo. Pienso que hay días en los que ha estado mejor, me voy con pena. Lo único que alivia es ver que sus hijos dan la vida por ella.

¡A jugar!


Kharen aterriza de sus vacaciones, para mi largas, para ella muy cortas. Por teléfono:

- ¡Me han regalado la casa de Casper!

- ¿Del fantasma?

- Sí.

- ¡Pero si todavía no es tu cumpleaños!

- Ahhh… pero y qué, si me lo regalan…

- ¿Se te ha caído algún diente?

- Nooo, tengo los de siempre.

- Pues a ver si se te caen de una vez.

- ¿Qué quieres que me quede sin dientes?

- Claro.

- ¡Luego vienes a jugar conmigo!.

Después de un mes sin verla, las horas se hacen eternas.

martes, 1 de julio de 2008

¿Qué hace un huevo roto en una botella de plástico?



Piar, picar, el animal...alguna sugerencia...

Yo que tú robaba la foto...sisi tú...tú..ya sabes.