
Andrea es la más pequeña de los hermanos. Toca el piano la mar de bien, es responsable y buena hasta la saciedad. La he visto crecer durante aproximadamente 8 años y ahora le quedan pocos centímetros para llegar a mi estatura. El cariño que desprende es inmenso.
Un día mientras le explicaba qué era a lo que me estaba dedicando estos últimos meses, cortó rápido la conversación y con un estallido de naturalidad apoyándose sobre mi tripa expuso:
- Quiero ser como tú.
Yo por supuesto le dije que le quedaba mucho tiempo para elegir su profesión.
Tiene 9 años, pensé, le encanta la creatividad, crea figuras, a cada sitio que vamos a comer o a cenar pide un folio para dibujar y ahora pinta cuadros. Pero lo más sorprendente de todo esto es que el otro día mientras celebrábamos el cumpleaños de su padre, escribió algo que no pude parar de leer, dos tres cuatro cinco veces.
Mientras los demás hablábamos de tonterías yo la veía pensar y escribir pequeñas frases con un bolígrafo azul. Asique asomé la cabeza sobre su hoja pero su reacción fue taparla con la mano.
- Andrea, ¿qué haces?
- Nada, escribir.
- ¿Y por qué no me dejas verlo?
- Noooo….me da vergüenza.
- ¿Cuando acabes me lo enseñas?
- Sí.
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