domingo, 9 de noviembre de 2008

Madre, Olga e hija.



Celebrábamos el cumpleaños de mi tía. Aquella noche Olga y yo conectamos como dos almas gemelas. Ni si quiera sabemos por qué nos colocamos en el sitio preciso para poder charlar toda la cena. A un lado estaban los del vino tinto y al otro los del rosado, curiosa la distinción que nos llevó a cruzar las primeras palabras.

La observé a los pocos segundos de conocerla y junto con las primeras palabras procedí, un poco precoz, a decirle que se parecía a una conocida amiga y actriz que trabaja en una televisión local. Muy simpática, me dijo que esa misma semana pondría la serie para reconocerse. Lo cierto es que Olga no sólo era físicamente parecida a una conocida y actriz de la televisión local, sino que además, con aquel carácter extrovertido sospeché sobre sus dotes artísticas.

- Tú tienes un punto artístico, ¿no?.

Rió a carcajadas. Reina del teatro, callejeros, malabarista, payaso, y un extenso etcétera . Hablamos largo y tendido sobre comics, dibujo, arte y vida.

Esa noche también conoció a mi madre, que tras el café, se unió a nuestra conversación.

Sé que es tu madre porque en cuanto has llegado al bar y no la has visto, has preguntado rápido por ella. Al llegar ella de la barra, sólo tenía ojos para ti. He visto que te ha cogido de los cuellos del abrigo mirándote a los ojos y te ha dicho unas palabras que tú has agradecido en un rápido abrir y cerrar de ojos y una sonrisa no demasiado explícita. Se ven muchas cosas entre las dos. Se ven. Juntas sería difícil, pero separadas prácticamente imposible.

Somos muy diferentes. Yo soy la pijoperfecta que no sé a quién he salido, y ella la bordevulgarcabezona que no sé a quién ha salido.

Las dos asentimos con la cabeza, será que nos entendemos demasiado.


La foto, pues mía.

1 comentario:

(sin número) dijo...

Las primeras conversaciones entre desconocidos son para verlas. ¡Qué grandes pueden llegar a ser! Aunque también las hay penosas..

Saludos desde Jaén!