
“Todas las tardes ensayaba junto a ella el punto de cruz. Hice bufandas para las muñecas, me lo enseñaba todo. Las vestía, aseaba y peinaba. En un rinconcito de la sala hacía las comidas, amontonando hierba, lentejas, macarrones, y algún que otro garbanzo que sobraba de la partida de cartas de mi abuelo, más un poquito de agua. También aprendí a perfumarlas, amarraba todos los botes de colonia que había por la casa, mezclando gotas en un balde abarrotado de flores.
¡Vòila! ¡abuela , huele a ti!.
Nunca me gustó maquillarlas”.
3 comentarios:
Hola Leyre. Está entrecomillado, ¿de quién es? Es bonito. Me recuerda a cuando jugamos mis amigos y yo al póker y usamos garbanzos como fichas... :) Saludos
El olor de las abuelas nunca se olvida. Nada de las abuelas se olvida. Un beso!
Sin numero, esto es real, es el trozo de una pequeña historia. Un beso.
Am qué razón tienes!! Abrazotee!
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