viernes, 5 de septiembre de 2008

De espalda gruñona


La espalda es una quejicosa. Mira que le digo que se esté callada, que así la mar de bien, que los cojines la miman, la abrazan. Nada, no hay manera de que esté tranquila, así que ante tanta insistencia he tenido que vestirla de olimpiada e ir a regañadientes a la piscina. Primer inconveniente, sólo hay dos calles adaptadas para nadar. En la primera, una mujerona fuerte que nada a 3 por hora, en la de alado un hombre armario, a 100 por hora. Por un momento he tenido dudas matemáticas. Decido ubicarme en la de la mujer.

A los 10 minutos el hombre se marcha, pero ya tarde. Al cabo de un rato decido salir y me voy al baño de vapor, aguanto 10 minutos, sauna, 3 minutos, Jacuzzi, 20 minutos.

Segundo inconveniente, las aspas que permiten el paso a hidroterapia no me dejan salir. Salto por encima, se vuelve a quejar. ¿Pero qué demonios te pasa? . No contesta. De camino a los vestuarios abro la taquilla con la mala suerte de que la moneda sale disparada por el pasillo, Ahora no te quejas, ¿eh?. No contesta. Ya dentro, una señora no para de mirarla, quien sabe si la oye crujir. En la salida surge el tercer inconveniente, la tarjeta no va, no emite la señal para que se abran las aspas. Me abren desde recepción y es ahí cuando decide comentar con descaro:


- Pareces nueva.


La imagen es de David Ruiz.

4 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

Ya dejará de quejarse... Pero tienes que tratarla bien, claro (lo digo por experiencia; mi mal nació de las malas posturas en la silla).

No acabo de entender por qué la gente disfruta tanto riéndose de "los nuevos"... Las cosas no se aprenden porque sí, sino porque alguien te las enseña...

Silvia dijo...

Nadar es genial, aunque si lo tienes que hacer por obligación, supongo que puede ser un rollo... Pero a veces, estoy más a gusto bajo el agua que en la superficie.

Bss.

El mariscador volador dijo...

Lástima que no fueras sirena. Tus problemas de espalda se irían y serías la más famosa por ser la más bella y alocada de todas. Porque para no ser nueva aparentemente pareces recién sacada del bote, y no es porque me alegres la vista, por lo que has de saber que lo haces, sino porque aún eres joven tienes la fortuna de querer y ser querida. Mientras se tenga eso todo lo demás se cura con ansias de no admitir el paso del tiempo en los huesos.

Hay que ser joven para siempre, que los dolores sean la dificultad añadida al juego de la vida y la muerte una ineludible sorpresa nada premonitoria al final del camino... posiblemente para otra partida más...

Con solo observar un dedal tus ganas de dejar de tener dolores crecerán un poco más y quizás consigan aliviarse un poquito... y si no... bueno, mejor será que me calle, un secreto mío será :P.

Jon dijo...

Conclusión: Menos tresdé y más nadar