sábado, 19 de julio de 2008

Marcelino



Tan tranquila comiéndome el cuscurro de la barra de pan que acababa de comprar y paseando al perrito, me paró un señor muy amable.

- Perdona, es que te veo comer el pan y me has recordado una cosa, ¿te importa que te cuente? es sólo un segundito.

- No, claro.

- En mis tiempos cuando era jóven sólo existía el pan negro, ahora ya sabes que hay muchas clases de pan. Te estaba viendo comer pan y me recordó a una situación que viví de pequeño. Por aquel entonces acababa de pasar la guerra, yo paseaba comiendo pan y un hombre me dijo que si le daba un trozo a su perro, vería rápidamente cómo se le caería el rabo. Ahora los perros no quieren saber nada de pan, pero por aquel entonces bien que les gustaba. ¿Sabes qué hago yo con los mios?, un amigo me da sacos enteros de pan duro, lo cuezo con un poquito de arroz, un trozo de hueso de lo que sea y se lo comen que da gusto.

- Pues mire yo, pan sólo, ¿ve lo rico que está?, luego no llega a casa ni la mitad.

- Sí, eso me pasa a mi también.

- ¿Quiere un trozo?.

- Mmmmnnn…no, es igual, uno pequeño, un trocito pequeño. Hay a dos cosas que nunca digo que no, al pan y al vino.

- ¡Al buen vino!.

- Y al malo también.

2 comentarios:

am dijo...

Qué carita tan dulce tenía Marcelino Pan y Vino. La anécdota es muy curiosa, saludooos!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Sí, la gente sigue parándose a hablar con otras personas que no conocen de nada.... Y bien que me alegro...

Aunque tiene su peligro no saber decirle que no a un mal vino, ¿no...?