viernes, 25 de abril de 2008

Pesadas pestañas


Apenas ha pasado un mes, o muchos, ella creyó entender, no tanto, o más bien nada, pero se acabó.
Y los finales siempre duelen, sea como fuere tienen sombra y silencio, huellas enfrascadas que se cubren de pasado, ese que a veces se hace presente y en el que resulta inevitable caer cualquier día a cualquier hora. Quizá se abra un horizonte nuevo y gigante en el que los días sumen en vez de resten, quizá dentro de un tiempo sonrían en un encuentro inesperado en el que ambos no logren sostener la mirada, o tal vez no, quién sabe si en cuestión de días él ya la ha olvidado. Ella no, más bien nunca, pero se acabó.

5 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

Siempre hay nuevos horizontes, especialmente después de algo que se acabe. O al menos eso creo yo, no sé si muy ingenuamente...

Leyre dijo...

Crees bien, los hay, los hay...

Marta dijo...

Horizontes, los hay, por suerte, aunque a veces no los veamos. Pero en cualquier caso, has descrito los finales con un acierto impresionante. ¡Genia!

Críptica dijo...

Y punto¡ Besos wapa¡¡¡¡

Leyre dijo...

No sé si lo he descrito bien, realmente no sé qué es un final, sólo lo saben los que se van.

Besitos