martes, 25 de marzo de 2008

Todo va bien




Cruzamos la puerta del hospital sobre las 5 de la tarde. Sentados en la sala de espera, (descansillo enorme plagado de historias) una niña cuenta cuentos a una muñeca de trapo, tan feliz. Dos coletas altas adornan la carita de pilla y una cadena dorada luce colgada a su cuello dando saltos aleatorios. Pronto sonríe a la enfermera, quizás atraída por el olor a lavanda, su voz dulce o la manera tierna en que le ofrece el caramelo.

Los médicos deambulan de un lado para otro, casi enfermizo, parece una partida al comecocos. Dos sillones más adelante una señora asiente con la cabeza las explicaciones de la enfermera, por lo visto tiene una infección vírica que debe tratar con dos pastillas diarias.

Ane se encuentra de espaldas, sentada en una silla de ruedas con fuertes dolores, sale de cuentas dentro de dos días y parece que se le ha adelantado, entre la angustia y las ganas aprieta fuerte la camisa del marido, novio, pareja, amigo, hermano, no lo sé, que la mira tranquilo intentando contagiar, pero ella parece no estar por la labor, claro, yo sería peor.

Por fin entro en la habitación, le ha cogido por sorpresa, no se encuentra bien. No hace más que preguntarme con una media sonrisa quequétal, cojo su mano y le acaricio, nunca lo había hecho. La tía María Eugenia siempre ha sido una buena mujer, destaca por la boca de los que la conocen por su buena fe, educación y amor, todo el amor. Le digo que todo va como siempre.

- Ya ha pasado lo peor, verás como toda va a ir bien.

- Espero.

Esto es cómo el barquito de la canción, pasaron un dos tres cuatro cinco seis semanas y aquel barquito, aquel barquito navegó.

1 comentario:

Anónimo dijo...

pero a veces el barquito no navega.....