jueves, 28 de febrero de 2008

Ver y no ver




Hace tiempo que llevo pensando en un pequeño relato que leí en primero de carrera. Rita era una profesora encantadora, sus clases siempre me hacían pensar. Un día dejó sobre las sillas un taco de folios. Se trataba de Oliver Sacks " Un Antropólogo en Marte", siete pequeños relatos que atrapan casi sin darte cuenta. A raíz de esa clase, continué dándole vueltas al tema y llegué incluso a plantear un trabajo fotográfico. Ver y no ver, cuenta la historia de una persona que lleva 45 años sin visión. Sufre unas gruesas cataratas y retinitis pigmentosa, una enfermedad hereditaria que corroe las retinas. Al cabo de muchos años, tras acompañar a su pareja a una revisión oftalmológica, pues ella sufría diabetes y por ello se veía obligada a revisiones periódicas, es el mismo doctor el que les da unas pequeñas esperanzas.

Deciden operarle. Sale todo perfectamente y recupera un 20% de la visión, nada mal para el primer intento. Todo empieza a plantearse como algo milagroso y enternecedor, pero no llega a ser así. Recuerdo que cuando lo leí- vuelvo a hacerlo de manera más pausada- me sorprendió muchísimo, pues no sé porqué siempre he tenido debilidad por las personas en este estado, y el protagonista de esta historia más que alegrarse por ver, estaba entrando en un estado de pasividad.

Nosotros nacidos con todo un conjunto de sentidos, cada mañana cuando despertamos abrimos los ojos a un mundo que hemos aprendido a ver. El mundo no se nos da, lo construimos -entre otras cosas- a través de la experiencia, la categorización y la memoria.

Cuando esta persona abre los ojos, carece del mundo de la experiencia y del significado. Veía, pero lo que veía no tenía coherencia. Todo el aprendizaje le lleva a una depresión por la dificultad de adaptación al nuevo sentido.
Lo suyo fue un gran valor, se encontró en dos mundos en el que en ninguno estaba a gusto, un tormento en el que no parecía haber escape posible. Pero entonces se le acabó dando una liberación en forma de una segunda ceguera, se le permitía huir de la luz deslumbrante y regresar a su verdadero ser, el íntimo y concentrado mundo de los demás sentidos.

Curioso, da la sensación de que nosotros nos dedicamos a mirar y ellos a ver.

1 comentario:

Yanost Dedutxus dijo...

Este post me ha encantado, y esas manos como que seguro que son tuyas pillina, que reconozco ese peazo anillo tan tuyo que es.

Lo cierto es que la primera vez que me puse a pensar sobre los problemas de recuperar la vista cuando la gente ya se ha olvidado de mirar fue a raíz de una peli (como no...). Pero eso es normal, a quién le gusta la realidad cuando ves pasar el tiempo y lo que tenías en mente cuando eras joven no lo logras hacer realidad. No hacen falta ojos para eso, tan solo una de las pocas máximas que hacen que la vida tenga algo de gracia "esperarse lo mejor pero siempre preparado para cuando venga lo peor"(unas sabias palabras de mi hermano).

¿Que qué quiere decir esto; tener que ir ahorrando toda la vida esperando que nos toque una quiniela, llevan una balsa hinchable por si viene un maremoto? No, simplemente disfrutar de ese don de poder disfrutar de la vida (aunque sea a medias) y si algo indeseado ocurre pensar con una sonrisa "Esto también va a ocurrir".

De todas maneras también está bien disfrutar y poder molestarse en evitar las fatalidades antes de que ocurran.

Bueno, creo que con esto después de estar tanto tiempo sin escribir nada por aquí he logrado alcanzar la cuota de cosas "chorras" para escribir.

Dedalillo