sábado, 29 de septiembre de 2007

Julian Shnabel "Summer"


Tabacalera acoge gran parte de la obra de este artista.
Julian Shnabel no me ha sorprendido, esperaba salir con buen sabor de boca. Reconozco que hay obras que no me han gustado, no siempre es todo perfecto. A veces el mismo cuadro te obliga a huir a lo sobrio, otras en cambio vencen esa austeridad con un arte fresco y potente, con cierto aire desgarrador que recuerda a Lucio Fontana. Hay varias propuestas en las que supongo que las ideas son mucho más de lo que aparentan. Enloquezco con el morado, parecen relámpagos de entusiasmo, en cambio sus letras son susurros histéricos, me aterran.

He tenido la sensación de ir pasando fronteras, y eso me ha gustado.

Ojeando un par de libros he encontrado estas palabras:

La materialidad de la pintura y todos los elementos que la componen me conducen a ver algo que es invisible, que se encuentra fuera del cuadro […] No sé si se trata del alma, de Dios o si es simplemente…desconcierto.

Los sentimientos no se pueden separar de la cabeza, en este sentido nunca existió el neo-impresionismo, nunca ha existido.


Zinemaldia


Salía de la tienda destemplada, con un día de mucho movimiento y con el corazón helado. Un instante después de cruzar el paso de cebra sonaba el móvil, entonando sin parar la canción de la pantera rosa, muy traviesa ella. Una invitación a una entrega de premios, Zinemaldia.

Sonaba bien, no parpadeaba. Con un manojo de nervios y llena de cansancio hice un par de llamadas.

- ¿Hay que ir bien vestida?

- Elegante, bien, normal, sin exageraciones.

Nos acercamos valientes hacia una multitud de desconocidos, todavía con el frío polar de la noche. Un salón renacentista nos introducía en el mundo del cine. Lentamente –perdidas en la decoración- íbamos prestando atención a las palabras de Bárbara y a los discursos que marcaban los afortunados a los que se les había concedido el premio. Tras eso, el cocktail. En poco tiempo se habían organizado varios grupos. El bombardeo de conversaciones ocupaba todo un espacio de aspecto familiar.
Comencé a buscar algo para picar, me moría de hambre. Entre tanto una voz:

-¿Qué haces aquí?

Y poco a poco, sin querer, topaba con vidas diferentes que comparten la misma carrera artística palpitando en el comienzo de una trayectoria dura, pero gratificante.

PD: La chica de rojo era observada por un integrante masculino, bajito, con cara de háblame por favor, que sé que te conozco. Me pareció curioso. Date por aludida.
Gracias Ander por hacernos pasar una noche encantadora.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Espontánea


Escribo aguantando horas sentada en una silla muchas veces meditando como hacerlo. En realidad mantengo una inevitable postura que me lleva a la cama con agujetas en una de mis piernas. De alguna forma estoy convencida de que escribir es bueno para la salud. Algunos dicen que es para aliviar una rutina, para otros es pura necesidad.

Comencé a escribir porque veía la posibilidad de hacerlo y fantaseaba con un aire nuevo en mi vida, algo que me permitiera un esfuerzo conmigo misma. Por otro lado la inseguridad se convierte en la compañía más incómoda, hasta que logras que se desvíe sin oportunidad de darte cuenta. En realidad no sirve para nada, sólo para prohibirte tomar decisiones y aborrecerla.

Fallan las comas y más cosas, pero disfruto. Sospecho que esto parece un fenómeno llamado algo así como remedio de emergencia. Os sugiero -cuando leáis- que cojáis carrerilla. Nadie aprende a andar a la primera, primero hay que encontrar el equilibrio. Asumo que esto es parecido. El caso es que no quería hablar de ello y parece que ha salido improvisado, no lo voy a borrar.

Y ahora miro por la ventana y aparece una lluvia fina que más que mojar refresca y me veo de nuevo con agujetas en las piernas y teorizando.

Un saludo a la que me vende el pan, Mariángeles.

Otro saludo al que me hace la tarjeta del autobús.

Va otro para el que me renueva el carné con chip.

Y otro para el vecino que eructa tan a gusto, me apasiona.

sábado, 22 de septiembre de 2007

¡Empate!


Estamos organizando una cena de los cursos 7º y 8º de EGB. No sabemos si se llevará a cabo, pero ayer me encontré con Iñigo. Entre los dos hemos conseguido acordarnos de una historia. Yo recordaba la primera y la última parte y él me recordó la del medio.

- Iñigo, ¿te acuerdas de Poli?

- El profesor de lenguaje, claro. Tenía la cara con una cicatriz…

- Sí. ¿Te acuerdas del último trabajo del curso que tuvimos que hacer un cuento?

- No ¿un cuento?

- Si por Dios, ¿cómo no te puedes acordar? ¡¡Sacaste un sobresaliente y yo un notable alto!! Teníamos un pique el uno con el otro que no veas.

- Ahhh vale, ¡el cuento! Que fuerte Leyre, ya me acuerdo. En las horas del recreo íbamos a escribir en los ordenadores.

- ¡Es verdad! No parábamos….que gracia no lo recordaba. Yo todavía tengo el cuento. Lo encuaderné como si fuera un libro, con toda mi ilusión a la espera de un sobresaliente que luego fue arrebatado.

- ¡Jajajaj! Pues no sé ni cómo.

- Te lo ganarías.

- Bueno tú me ganabas en las carreras de gimnasia.

- Cierto y tampoco sé ni cómo.

Good Morning Starshine




Hay días que si no fuera por el ciego de la once… ¡que de ciego nada!
Más bueno él, que nadie. Lo que me hace reír.

Hoy le he prestado un cleneex y como ha visto que los sobrantes los tiraba de mala gana en mi pedazo de bolso, cuando se ha sonado ha hecho una pelota con el papel y lo ha tirado de lejos encestando en el bolso, pensando que era la papelera.

-¡¡¡Estoy jodido!!! (Estoy loco)

Nos hemos reído a carcajadas. Las que me lía en un momento.

Una versión de Selena Ryder. La original la escucho cada dos por tres porque me encanta, me anima.

¡Y esto va por él! Porque además de vender ilusiones, reparte mucho pero que mucho cariño y yo le adoro.

Inagotable



Pienso que la vida sólo se vive una vez. Las caras que adoro…-muchas- las manos que no olvido…-pocas- el primer abrazo…-fuerte- el último adiós –triste- la sonrisa…-especial- gestos…-todos- horas de día…-tantas- horas de noche….-poéticas- risas….-desvaríos- llantos…- repito, muchos-.

Montones de historias las cuales a no ser que enrarezca de vieja, no olvidaré nunca. Echar de menos entristece. Ayer mientras andaba por la calle, pensaba en la sensibilidad del corazón, porqué y quién nos hizo así. Un órgano vital que puede ser:

Desconocido y desafortunado

Querido y entregado

Fuerte y enfermizo

Quebradizo y apoderado

Hueco o enfrascado

Obsesionado

Abrasante

Callado

Maravilloso

Profundo

Vulnerable

Sistemático

Gigantesco

Todas estas palabras las arrastramos construyendo una vida protegida por el corazón. Podría llenar un carro para convencer al mundo del privilegio de “estar”. Luego existe el pacto con uno mismo y por otro lado, el destino.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Tal cual


Una vez leí esto en un bar:

Ser joven es tener alma, es decir, no solamente recuerdos y un destino, sino un verdadero porvenir que no se asemeje al pasado y al presente, que represente una verdadera creación, un tomar parte en la invención del futuro. Roger Garaudy.

Más tarde veía al chico de la fotografía tan tranquilo. Para mí, eso es ser joven.

Pincho y corto


Mientras esperaba a mi prima sentada en coche, he visto indignada como cortaban el árbol al cual estaba candada una bicicleta. A la pobre, la han dejado como si fuera un escombro contra la fachada del edificio. De ahora en adelante habrá que fijarse si el árbol tiene un punto pintado de rojo o de verde. Ya sé que existen aparcamientos para bicis, que la vida evoluciona y todas esas cosas, pero me irrita que corten un árbol para poner bonito Donosti -porque sólo piensan en los de fuera-y que dejen la bici tirada contra la fachada con mala gana.

A ti



Es una noche densa, sin luna. Un espacio de soledad y de olvido. Entonces los ojos se empapan de ti. Un suspiro de resignación -vicio del tiempo- trata de calmar la realidad, buscando un alivio a modo de estampido perdiendo el miedo a sentirme sola, olvidada e incomprendida. Vives en todo lo que siembro, pienso, tengo porque la vida es poco para quejarme sin ti.

Hoy choco con tu alma en algún trocito de aire y te recuerdo para no volverte a ver, repasando la fuerza en alguna parte del cuerpo.



A ti, que me has dado la vida.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

El colegio


A las 16:30 la puerta verde del colegio se inunda de una procesión de niños incalculable. Ojitos expresivos, tiernos e inquietos, buscan apresuradamente a los papás; grandes observadores. Yo repaso a todo lo que tropieza fugazmente contra mi cuerpo. Una masa gigante no deja acercarse.

Vamos, ni los Beckam.

Pregonando un perdón, disculpe, ¿me deja pasar?, logro ponerme lo más cerca posible de la salida. Kharen llega bajando las escaleras como loca y en la puerta echa una ojeada buscando algún “gen común”. Se me estruja en la barriga y no puedo evitar besuquearla, llevo días sin verla.
Le pregunto a ver si me lleva a ver su clase. Sin dudarlo me coge de la mano y corremos hacia unas escaleras. Su clase es la del fondo. Me enseña su sitio, el estuche, los libros. Cerca de los ventanales cada uno cuelga un dibujo, le digo que voy a adivinar el suyo, pero una profesora se acerca sonriente con ganas de cerrar la clase.

“El tren dragón”

No lo habría adivinado nunca.

Fuera me enseña el lugar donde colocan las batas.

Cuando tenía 3 añitos también fui a buscarla. La vi salir tan pequeña e inofensiva cargando su mochila observando si venía alguien a buscarla, que tuve que contener las lágrimas ante las demás madres por la vergüenza que me suponía llorar en aquel momento.

viernes, 14 de septiembre de 2007

El diamante




Nadie puede opacar ni alejar la presencia de un tiempo compartido. Ahora parece que el tiempo da vueltas en redondo y volvemos al principio. Más tarde con el mismo impulso del crecimiento, con la mano en el aire y los ojos inmóviles, pregonaremos el descubrimiento de los sabios, despedazando estrellas de colores para mezclarlas y entrecruzarlas hasta conseguir un blanco puro y limpio, reforzado de inmortalidad.

Manos de Oro


Caminaba tanteando el aire con una fluidez inexplicable, como si estuviera dotada de un instinto presentimiento inmediato. Una llamada repentina con voz tajante, me daba 10 minutos para estar presente. Apresuré el paso para llegar pronto. La bienvenida fueron estas palabras:

R.- ¿Tienes una hora?

L.- ¿Una hora?

R.- ¡Sí tienes! vete al cuarto del fondo.

Sobreviví a aquellas palabras nada más ver con fervor sigiloso, varias velas, olor a incienso y una música que anestesiaba. Un masaje de piedras calientes-irrevocable- estaba a punto de atrapar mi piel.

L.- Estás loca.

R.-Tú aprovecha.

Y así, con manos de oro, bastaba con cerrar los ojos.

Recurso desahogo


Muchas veces por falta de tiempo surge una vida en la que comes y duermes. Entonces te planteas soñar con las maravillas del mundo no sólo hasta donde alcanzan los conocimientos, sino forzando a extremos los límites de la imaginación como si fuera un fenómeno natural, que en parte lo es. Los primeros días no encuentras un obstáculo apreciable, luego empieza una sana preocupación adornada de realidad y travesía.

No importa, lo importante es no perder la orientación.

Sencillo y prodigioso.

martes, 11 de septiembre de 2007

Lo parió


“Hay que escribir textos sin pretextos porque el arte, la canción y la literatura no necesitan más excusas que existir”
Andrés Calamaro

La frase, la recuerdo.


El sábado fue un día lleno de encuentros. Uno de ellos a la hora de la cena. Mientras comíamos los bocatas, él se sentaba para charlar. Recuerdo un choque similar durante las fiestas en el que se despedía con una frase de Van Gogh, para que yo la recordara.

Después de la primera botella de sidra, R. se disponía a pedir otra. Le explicamos que no sabía en que lugar se había situado, dos mujeres avasallando en una conversación tan rebuscada. Aguantó lo que pudo- demasiado incluso- se despidió de su cuadrilla, por lo menos un cuatro de hora.

Al final acabamos hablando de pintura. Tiene varias marinas e incluso otras obras que dejó en el olvido. Insistí en que que sería una buena idea que la retomara, pero acribilló con falta de dinero, tiempo y una situación complicada.

-Vale, desinterés

-No, no es desinterés, cada cosa tiene su momento. Tengo cerca de los 40 y sigo igual.

-Cierto

-¿Y en qué momento situaste la pintura?

-No lo sé, un momento en el que tenía las ganas, me gustaba pintar. Estaba a gusto entre cerveza, marihuana, café, día, noche, madrugada…Pasaba horas.


Me da pena escuchar estas cosas y más cuando estoy segura de que un empujón haría grandes maravillas. Quizás tenga razón en que existen etapas de ceguera, pero la inspiración se encuentra trabajando.

Vincent Van Gogh
Dos figuras en el bosque, 1890
Óleo sobre lienzo.
50 x 100 cm

sábado, 8 de septiembre de 2007

Kharen-Karolina en la familia


Yo ya veía cómo con un poco más de hábil persuasión por mi parte, iba a acabar convenciéndola de que me diera el último beso, sin el inevitable apretón de brazos, tira besucona en el cuello y mordisco en el cachete.

Esos ojos almendroalimonados, me vuelven loca.

No hay ni un solo trozo de carne que no haya besado desde que nació. Su tripa me sirve a veces de almohada, normalmente después de comer, regalándome caricias en la espalda. El pelo acaracolado disimula sus mofletes – maravillas divinas- con los que me suelo meter frecuentemente.

Es inútil comunicarse con ella cuando mira los Simpson o dibuja, su imaginación esta infectada de una cruel concentración. En muy pocas ocasiones acepta críticas, de hecho es muy eficiente. La última vez dibujaba una tarta de manzana, la cual puedo describir brevemente:

Cinco pisos de tarta (nupcial) y en la cima una manzana.

Por favor ¿quién podría ofrecer en la vida algo mejor?

Un mundo


Paseaba por un mirador enorme sintiéndome la pieza más pequeña del Cosmos. Entre un aire engorroso y olor a verde, pasamos las horas convencidos de que era el mejor de los remedios para despejar la mente.
Es absolutamente imposible no mantener el más mínimo átomo de autoestima teniéndole cerca.
Abastecimos las horas con historias, sentimientos. Su hermana es fisioterapeuta, suele dar charlas en varias ciudades y me consta- tras las muchas insistencias - que debemos parecernos. Salidas de bombero.
Ayer me explicaba que haber huido en determinado momento le había conducido hasta la más triste de las penurias, sin embrago, yo pensaba lo contrario, era algo que le había enriquecido por completo. De todos modos-de noche- siempre merece la pena preguntar a alguna estrella, quizás ella sepa.
Con la mirada un poco perdida, le expliqué que llevaba un tiempo escribiendo porque era realmente placentero. Entonces adornándolo profusamente, le describí el rinconcito donde hoy guardo estas palabras. Con su encanto habitual, me dijo que todavía tenía el hueco blanco de la pared para colgar un cuadro.

Cuántas promesas que nunca cumplo.

Justo antes de que oscureciera, le dije:

-Me has ayudado, lo necesitaba.

Apretando un gesto confuso, insistió:

-No, tú me has ayudado.

Y así, después de ver a un sapo levantando cómicamente las patitas, volvíamos cada uno a su lugar.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Por mirar, pensar o imaginar




Caminaba por la acera de la izquierda porque daba la sombra. Un autobús se acercaba lentamente a la parada. Mientras el chofer hacía su maniobra no perdía de vista cada uno de sus pasos, hasta que sin darme cuenta, una farola se estampaba en mi mejilla para dejarme el colorete que había olvidado echarme esa mañana. Un rebote sabio.

Le veía venir de lejos. Un hombre mayor ligeramente encorvado sostenía a trancas y barrancas el bastón que con muy poco equilibrio, le permitía andar. Mis ojos no podían dejar de observar la poca estabilidad de aquel pobre hombre y decidí acercarme poco a poco por si tropezaba. Sin perderme ni un solo paso, mi cara quedó estampada en una señal, a lo que el hombre sin ningún tipo de reparo apuntó:

- ¡Eso te pasa por mirar!

Y cierto era.


Desde que tenía uso de razón, mi seudónimo fue “Despistada”. Las profesoras insistían en que bajara de la luna de Valencia, aterrizara de los mundos de Yupi o dejara de mirar a las moscas. Tengo que reconocer que cuando algo me aburría exageradamente, imaginaba un mundo en el que no me molestara nadie. (Ahora he perdido la facilidad)

Una mañana, el profesor formulaba una pregunta. Si alguien sabía la respuesta, el dedo hacia arriba podía ser un punto a favor. Yo levanté el brazo rápidamente. Optó por otro compañero. Sin darme cuenta me quedé como un pasmarote con la mano levantada y escribiendo alguna ocurrencia en el cuaderno. El profesor, obsoleto, debió de hacer un gesto a mis compañeros para que enmudecieran mirando mi postura. No hubo remedio, ni el silencio.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Snt George School




El colegio inglés fue una alternativa que a mi padre se le cruzó por la cabeza. Era un poco tozudo y cuando se le metía algo entre ceja y ceja no había nada que le hiciera cambiar de idea. Si le pregunto a mi madre que porqué me apuntaron al colegio inglés, siempre me responde tajante:

- ¡Tu padre, que era muy chic!

Mi primo Goar también estaba en el colegio. Todos vestíamos con uniforme, me ponía muy irritable.
Las mañanas antes de ir al colegio mi madre peleaba para que rápidamente tomara el desayuno, apretando la corbata hasta la garganta. Calcetines y falda bien tiesos, una coleta ladeada y lista para subir al coche.
Los zapatos azul marino eran lo único digno. De los aproximadamente dos años que estuve en Snt George School, sólo recuerdo globos de colores –en inglés-.
Los recreos siempre eran iguales, no era muy sociable- quizás el miedo- y pasaba el tiempo viendo cómo los demás niños jugaban. En cuanto finalizaba la última clase salía volando hacia el muro enorme que separaba la zona de los mayores. Gritaba el nombre de mi primo hasta que verlo llegar me tranquilizara. Y así, casi todos los días.
Al final conseguí hacer dos amigos, que cada mañana a la hora del recreo, me acompañaban a gritar, por lo visto les llamaba la atención.

Hace poco hablaba con Goar y me recordaba muchas cosas. Es uno de los primos que cuesta ver, porque no mantenemos un trato tan directo a pesar de que nos queremos con locura. El caso es que una noche larga, me contaba que siempre me había querido mucho y que se acordaba de las miles de veces que me asomaba al muro para llamarle, a las que tengo que decir, que siempre acudía.

Fotografía: Navidades de 1987

martes, 4 de septiembre de 2007

Apenas


Septiembre despierta con olor a hierba y el sol parece salir desdibujado. Lo que más entristece es la pérdida de horas de luz, maldecidas por un otoño que se acerca pronto y al parecer, atrapado por una capa de nubes.

Sinuoso


Pinto un desierto de colores sobre la basta tela de un saco. Dentro se oye tu respiración y varios cascabeles revolotean esperando el murmullo del aire.
Acompaña un mar sereno, para poder seducirte en silencio. El faro se enciende a lo lejos, sonríe de forma extraña. Sabe. Entonces repaso tu pulso y voy cosiendo con hilo fino tu mirada, para hacer invisible este momento.

lunes, 3 de septiembre de 2007

700



El último año de carrera ha sido algo espectacular. Y sino, comprobemos.
Nadie puede quedar indiferente. Es insólito. Abusamos de la risa.

Con todos ustedes, doy el pistoletazo de salida al pequeño trozo de 700.

Más adelante, el cortometraje entero, no se lo pierdan.

A la orden de Ander Pardo.


Escrito-dicho-queda.

Mi gran libro


Nunca recuerdo quién me presentó a Madeline. Quizás fue un libro que me regalaron cuando estaba enferma o en algún cumpleaños.
Lo cierto es que recuerdo noches en mi cama, apoyada en la pared leyendo hasta adormecer.
El libro era grande, con rimas y muy breve. Las ilustraciones eran tridimensionales, cada página una sorpresa. Acabé memorizándolo.

Hoy cojo el cuento detenidamente como si fuera la primera vez que lo leyera. Paralizo la mirada en los dibujos abocetados y frescos, tan naturales como la historia.

Madeline es una niña que vive en un internado parisino. Un día por un fuerte dolor de tripa empieza a llorar. Sor Rosa acude y llama al médico. La niña es ingresada en el hospital. Al día siguiente todas sus compañeras le visitan y la habitación acaba llenándose de regalos. Cuando vuelven de nuevo al internado y se disponen a dormir, las niñas comienzan a llorar. Sor Rosa escandalizada, abre la gran puerta y pregunta qué es lo que pasa, a lo que todas responden que les duele mucho la tripa. Ante tal sobresalto les comunica, que gracias a Dios, ellas están muy pero que muy buenas.

Siempre me ha gustado leerlo. Tan sencillo, tan tierno.