sábado, 22 de diciembre de 2007

La presa


Buscaba canales de agua con corrientes débiles. De rodillas, sumergía la mano para asegurarme la frescura. Era un agua parduzca que solía arremolinarse sobre piedras redondas que acababan siendo devoradas y que al mismo tiempo provocaban divisiones –caminos- para después volver a unirse a la corriente. Entonces metía varias piedras en el canalillo sin dejar pasar una gota. Al ver que el agua se empezaba a acumular, las apartaba con un poco de miedo por si salpicaba en los ojos. Arrancaba a gran velocidad, para de nuevo volver a su cauce. Inconsciente, crebaba sinfonías arrítmicas que desfilaban río abajo, con avalada sencillez.

Y así entro hoy, cogiendo carrerilla para de nuevo volver a la normalidad.

5 comentarios:

yanost dijo...

Otra vez esa encantadora mente haciendo uso de su don para escribir una fresca manera de seguir con ímpetu sobre la vida a este humilde lector.

Seguro que ese chorro se convertirá en río y el río en singular cascada que se ponga a volar.

Muchos Besos

Gale dijo...

La foto de tu entrada en http://voleteando.blogspot.com/2007/09/empate.html es mía y la estás utilizando sin permiso.

patzarella dijo...

es que al agua hay que dejarla correr... ¡Y quién nació para ser libre, nació para ser libre!

Leyre dijo...

Gale te he mandado un mail.

tururu dijo...

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