miércoles, 7 de noviembre de 2007

Días



Como si dejara escapar un suspiro, me uno a la corriente del día a día. Recuerdo hoy con suma tristeza a un trocito de Sara, que llora a raudales por la fuerza de una tormenta –entiendo, ausencia- que devora su alma.
Entre tanto el otoño corre con demasiada fuerza, tiñendo los paseos de hojas roncas que llegan hasta las orillas de la ría. El marrón pálido de las laderas está por estas fechas salpicado de castañas.

Es la hazaña de cada año...

- ¿Cuantas llevas?

- ¡Más que tu!

- No creo.

- Ya veremos.

Siempre hay algún gracioso que mete una piedra en mi bolsa.

El domingo -que no es un día cualquiera- es el momento perfecto para asarlas. Antes era pesado, con el tiempo puede ser fresco y campechano, para el disfrute de todos.

5 comentarios:

Benita Pérez-Pardo dijo...

MMM, castañas asadas... qué envidia!!!!!!!

am dijo...

Qué relato más alegre, me imaginé ahi! jaja.

María dijo...

vivan los domingos largossss!!!!

Métele a Sara una chuche en su cucurucho de castañas asadas. Una vez me recetaron chuches para esas tormentas y.... ayudan a endulzarlas un poco!

El viernes pasaré por Vitoria!, lo más cerquita de guipuzcoa que he estado nunca! ;)

Marta dijo...

Domingo frío -preferentemente lluvioso- y chimenea. La manta es opcional -depende de la temperatura-. Las manos un poco doloridas por algunos pinchazos. Y las castañas asándose al fuego que chisporrotea entre las brasas. Gustazo.

Leyre dijo...

Hola Benita, bienvenida. Ya sabes, a por ellas, con los peques, que todavía queda mucho monte...

Am sobretodo metiéndome la piedra en la bolsa no?jaja. Gracias.

Mariaaa oseaque visitas nuestras tierras!muy bien me parece pero la próxima tienes que venir a Guipuzkoa, así comparas..jeje y te doy lo que te prometí!

Martaaa tu si que eres un crak, qué mujerrrr!!!Gustazo el comentario!