jueves, 6 de septiembre de 2007

Por mirar, pensar o imaginar




Caminaba por la acera de la izquierda porque daba la sombra. Un autobús se acercaba lentamente a la parada. Mientras el chofer hacía su maniobra no perdía de vista cada uno de sus pasos, hasta que sin darme cuenta, una farola se estampaba en mi mejilla para dejarme el colorete que había olvidado echarme esa mañana. Un rebote sabio.

Le veía venir de lejos. Un hombre mayor ligeramente encorvado sostenía a trancas y barrancas el bastón que con muy poco equilibrio, le permitía andar. Mis ojos no podían dejar de observar la poca estabilidad de aquel pobre hombre y decidí acercarme poco a poco por si tropezaba. Sin perderme ni un solo paso, mi cara quedó estampada en una señal, a lo que el hombre sin ningún tipo de reparo apuntó:

- ¡Eso te pasa por mirar!

Y cierto era.


Desde que tenía uso de razón, mi seudónimo fue “Despistada”. Las profesoras insistían en que bajara de la luna de Valencia, aterrizara de los mundos de Yupi o dejara de mirar a las moscas. Tengo que reconocer que cuando algo me aburría exageradamente, imaginaba un mundo en el que no me molestara nadie. (Ahora he perdido la facilidad)

Una mañana, el profesor formulaba una pregunta. Si alguien sabía la respuesta, el dedo hacia arriba podía ser un punto a favor. Yo levanté el brazo rápidamente. Optó por otro compañero. Sin darme cuenta me quedé como un pasmarote con la mano levantada y escribiendo alguna ocurrencia en el cuaderno. El profesor, obsoleto, debió de hacer un gesto a mis compañeros para que enmudecieran mirando mi postura. No hubo remedio, ni el silencio.

2 comentarios:

Marta dijo...

¡¡Jaja, Leyreeee!! ¡¡Qué divertidas y fáciles haces las cosas!! Me encanta pasearme entre tus historias...

Leyre dijo...

Gracias Marta, ¡encanto de mujer!