viernes, 14 de septiembre de 2007

Manos de Oro


Caminaba tanteando el aire con una fluidez inexplicable, como si estuviera dotada de un instinto presentimiento inmediato. Una llamada repentina con voz tajante, me daba 10 minutos para estar presente. Apresuré el paso para llegar pronto. La bienvenida fueron estas palabras:

R.- ¿Tienes una hora?

L.- ¿Una hora?

R.- ¡Sí tienes! vete al cuarto del fondo.

Sobreviví a aquellas palabras nada más ver con fervor sigiloso, varias velas, olor a incienso y una música que anestesiaba. Un masaje de piedras calientes-irrevocable- estaba a punto de atrapar mi piel.

L.- Estás loca.

R.-Tú aprovecha.

Y así, con manos de oro, bastaba con cerrar los ojos.

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