viernes, 14 de septiembre de 2007

El diamante




Nadie puede opacar ni alejar la presencia de un tiempo compartido. Ahora parece que el tiempo da vueltas en redondo y volvemos al principio. Más tarde con el mismo impulso del crecimiento, con la mano en el aire y los ojos inmóviles, pregonaremos el descubrimiento de los sabios, despedazando estrellas de colores para mezclarlas y entrecruzarlas hasta conseguir un blanco puro y limpio, reforzado de inmortalidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡qué precioso!

María dijo...

que bonito!. ¿coseguiremos ese blanco? ainsss

me anima esto que escribes!!

Un beso!