martes, 14 de agosto de 2007

Valor vírico



Esta noche me ha costado dormir. Al estar mucho tiempo en la cama, las horas de sueño empiezan a desequilibrar.
Pensaba que eran las 6 de la mañana y para mi sorpresa eran la 01:30. He merodeado un poco por el pasillo cavilando en leer o escribir, quizá así las horas perdidas resultaban de provecho. Otra de las alternativas era zamparme medio bote de galletas pasadas con un poco de leche y miel. En alguna ocasión he oído que la leche ayuda a conciliar el sueño.

Hay veces que el cuerpo no perdona que te olvides de una cena, pienso.

Tras tomar la leche y derivados, acurruco de nuevo la cabeza sobre la almohada y recuerdo un corre pasillos de tren Chu-chú, con un volante amarillo. Duermo con él.

A la mañana me despierto muy tarde y llamo a mi madre.

- ¿Yo he tenido un corre pasillos amarillo de tren Chu-chú?

- Sí, creo que habrá alguna foto guardada.

Puede que sea un mensaje para explicarme cosas que nunca entendería si no me paro a pensarlas. Con ello me doy cuenta de que probablemente la primera rabieta de mi vida fue por algún niño que pretendió quitarme el tren con volante amarillo y que posiblemente, el valor sentimental era tan alto, como para que cualquier explicación fuera en vano.

Desde muy pequeños elegimos a qué darle valor, se trata de una jerarquía, puede sonar incluso egoísta. Lo que tanto adoras duele perder, aunque sea por momentos.

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