sábado, 18 de agosto de 2007

A la luz


Eran las fiestas de un pueblo cercano a León. La plaza era pequeña, un mini escenario alumbraba toda una comunidad de quinceañeros. Los niños jugaban cerca de la fuente que más tarde, acabaría siendo la más apetecida para miles de bocas envenenadas con litros de vino.
Pocos minutos faltaban para que un toro de fuego animase a correr a todos los que por un momento creían estar tomando una copa tranquilamente, en uno de los puestos callejeros.
Una suave brisa mediaba entre las conversaciones.
Ella miraba inquieta el reloj, mientras bebía con varios amigos. Sabía que él vendría tarde, a cuatro horas del pueblo acompañado de su novia y un amigo, lo cual implicaba querer pasar desapercibida. Mientras, reía y bailaba con Elena.

Comenzaron los pasodobles y Elena sorprendida por una visita inesperada, desapareció corriendo hacia el que decía llamar “vecino”. Tras un rato de charla, regresó de nuevo para presentarles.

Las miradas agotaron los silencios y él, cogiéndole tímidamente la mano, dijo:


-¿Bailas?

-Bueno…es que no…no tengo ni idea y no….no sé.- sospechando que ahí, en ese mismo instante acabaría su noche.

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