sábado, 18 de agosto de 2007

Eric


Ayer conocí a Eric. Dormía placidamente. A veces, sobresaltado, dedicaba algún festival de guiños y balbuceos y de nuevo volvía a dormir. Carita angelical, preciosa. Me daba miedo tocarle por si acababa con esos sueños que tanto le hacían reír. Me llamó la atención el color de sus ojos tan parecidos a un muñeco que adorna la cama de mi habitación en La Rioja: ojos de azul juguete. Yo siempre he dicho que un recién nacido es feo por naturaleza. Nos empeñamos en un flechazo, pero es más bien un precalentamiento. A los dos meses ya parece que todo está más asentado, y cualquier gesto amable se traduce en felicidad.
Tiene dos meses y medio, un montón de sonrisas para regalar, y un amor incondicional para el resto de su vida.

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