miércoles, 15 de agosto de 2007

Cosas de la vida



Mi casa era el centro de toda reunión.
Cuando éramos unas mocosillas, no más que ahora, poníamos el disco vinilo de los payasos, y seguíamos toda indicación:

¡Ahora una mano arriba!!

¡Ahora sin la palabra barco!

Y también cantábamos.

¡¡Hola Don Pepito, hola Don José!!!

Si alguien fallaba al cantar la canción, me hacían retroceder la aguja. La señorita R. mientras cantaba me pegaba culazos e I. no paraba de reírse y nos fastidiaba la canción, era todo un espectáculo.
El caso es que acabábamos sudando la gota gorda.
Y recuerdo esto, porque tengo muchas niñas a mí alrededor y algunos días mientras yo intento dormir la siesta, ellas bailan desenfrenadas todo tipo de canción caribeña.

Me sulfuro, pero al final procuro buscar otro hueco de la casa dónde poder acurrucarme.

El video es gracioso. Pasen y vean.

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