miércoles, 4 de julio de 2007

La hora de la comida







Supongo que mi madre, como ha dicho la enfermera de hoy, es como todas las madres. Pero una siempre piensa que la suya es especial. Una madre, para lo bueno o para lo malo, siempre es una madre y, además, especial.

Ella perdió a su madre. Yo perdí a mi padre. Es algo que nos unirá toda la vida.

Hoy me he dado cuenta de que esa misma unión, muchas veces ha hecho que nos separe. Ella vivió las consecuencias de esa pérdida y yo viví las mías. Hoy nos hemos unido, quizás porque es un día en el que sin querer necesitábamos hablar de ello.

Ella le recuerda. Yo le recuerdo.

Mientras removía la ensalada, le he preguntado cómo conoció a mi padre. Ella con cara de sorprendida y esbozando una sonrisa, me ha contado la historia y entre tanta conversación…


- Nos lo pasábamos muy bien. Tu amoña siempre hacía filete con patatas. Las patatas estaban muy ricas. Javier era un encanto, era un buenazo. Un día, mientras esperabamos a tu padre haciendonos cosquillas en el portal, le pregunté ¿Cuándo te vas a echar novia?

- Si ya te tengo a ti…
La foto: Jessica.L.

2 comentarios:

gessy dijo...

siempre hay magia en los recuerdos de personas queridas.

sheila dijo...

Se nota que echas de menos el amor de un padre porque la mayoría de tus relatos hablan sobre los padres. Lo bueno es que no se han ido del todo, todavía queda una gran parte en tu interior.