jueves, 26 de julio de 2007

Él empezó



El joven aprendiz de pintor guardaba perfumes en una pequeña bolsa de terciopelo marrón. La chica que era luz y magia coleccionaba miradas en un cuaderno negro.

A lo largo de la noche enloquecida de amor, tachaba nombres rojos, pistas que quiso eliminar, pero relámpagos de magia hicieron que no se pudieran borrar.

Algunas pistas se transformaban en perfumes, cada noche el pintor se sentaba en el alfeizar en la ventana de su habitación y respiraba las pistas que olían a ella. Las cogía suavemente para que no se rompieran, eran como el aire que roza médanos de arena.

Y las guardaba despacio, en la bolsa de terciopelo.

1 comentario:

ana dijo...

Coleccionar miradas. Yo también recuerdo miradas especiales, algunas muy breves... que chulo...