martes, 29 de diciembre de 2009

Dos mil esperanzas


Ahora es cuando uno piensa en la de veces que hemos apagado la luz antes de irnos a la cama, el cálculo de los días divertidos, los tristes, de aquellos que se quedaron atrás. El año 2009 empezó raro. Un enero repleto de esperanza, energía y un febrero que negó todas aquellas promesas que se hacen antes de comenzar el nuevo año, llegó bien negro. Hay que escoger caminos, pensé. Y levanté. Porque si hay algo bueno después de una muerte inesperada, es que piensas que quizá esté pidiendo a gritos que continúes el camino sin perder el equilibrio y que se encarga de cuidarte, como lo haría yo, como lo haríamos todos. Y 2009 ha sido el año en que todo ha cambiado.

Pasan los días, los meses, y nos vemos en un diciembre tranquilo, en familia. A las puertas del 2010 una ya no sabe. Hace mucho tiempo leí que si el arte crea historias y lenguajes, es porque la vida está lejos de ser perfecta.

Mi mayor felicidad para todos. Siempre.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Conocimiento


No era un día de frío y el tren llegaba puntual. Entraba con una bufanda de lana beige y un abrigo en tonos grises que caía hasta las rodillas. Su cara de un blanco infantil, no encajaba con aquella figura alta. Dejó un tanto fatigada su maleta de ruedas en el suelo, él con aire tranquilo ya se había sentado frente a ella. Pasados un par de minutos ella dibujaba en su billete. Mientras él le explicaba que la portada del viejo libro de Nohan Chomsky era de cartón y que el cartón era de una masa más gruesa que el papel, con las rodillas juntas y el tronco echado hacia adelante ella le sorprendíó con un beso.



- No hay que guardar algo para mañana si hoy es tan hermoso , ¿no crees?.

Imagen, aquí.

lunes, 8 de junio de 2009

La ruta de las flores



La puerta del cuarto se abre sigilosamente dejando pasar las primeras luces del día. Blaqui se acerca a la cama, le acaricio la cabeza, da un par de lametazos y vuelve hacia la puerta. Entonces mi amoña le dice, no le despiertes, ¡cotilla!, siempre metiendo el hocico donde no te llaman, mira que eres cotilla. Cierra la puerta y le da besitos. Lo que no sabe es que la he oído desde que se ha levantado y que voy siguiendo sus pasos. Me levanto. Mientras se calienta el desayuno ella me enseña todas las flores del jardín. Las rosas blancas, rojas, rosas, azules, amarillas. La menta-chocolate, lavanda, tomillo, hierba Luisa, capullos de alelí, claveles blancos, rojos, begonias, margaritas de tallo enorme, y un sinfín de clases. Huelo la rosa roja, dan ganas de llevársela pegada a la nariz.

De pronto aparece mi aitona con la mano apuntando hacia el tejado.

Os he dicho que no hagáis el nido ahí. Mira que os tengo dicho, ¡no me hacéis ni caso!. Seguís ahí tan felices, ¡cuándo aprenderán, mira que les digo, nada, no hay nada que hacer! . Se ríe.

Hoy almuerzo cerezas.

domingo, 24 de mayo de 2009

En Mayo


1

Suena una música rara en la radio. He plantado tres árboles debajo de mi casa.

2

Me encontré con Laura en la curva del puente de madera. ¿Laura?, ¿Leyre?, cuánto tiempo. Reencuentro después de diecisiete años. Asusta pensar que son diecisiete, que quizás con cincuenta vuelva a encontrarla y sean otros muchos a sumar. Lo cierto es que recordaba sus ojos azules y piel blanca pero con menor estatura, apenas medio metro del suelo. El tiempo inquieta, ¿Cómo es posible que dos personas que trataron un tiempo no hayan coincidido nunca hasta hace dos días?. Pasa, y mucho. Lejos del colegio, ahora todos gobiernan su vida, y una piensa en la suya, que se zambulle entre olas. Va y vuelve.

Para un cumpleaños, me regaló mi padre una cruz de Caravaca y unos pendientes de oro. Sentada en la silla del teléfono abrí el primer regalo. ¿Te gusta?, tengo otro más, qué pensabas que solo uno ¿eh?, abre éste. Llevé la cruz muchos años hasta que decidí aparcarla en el cajón de la cómoda para que nunca se perdiera. Dicen que da suerte, dicen. Mi padre era una persona más bien especial, no regalaba cualquier cosa. Ahora puede que la necesite.



La ilustración es de J. Rechula ;-)

lunes, 18 de mayo de 2009

Masaje



Kharen, mi hermana pequeña, mientras le arropo:

- ¡Quédate a dormir!.

- No puedo Kharen, otro día.

- No, ¡quédate a dormir por favor !.

- ¿Y dónde duermo?

- Aquí, mira, conmigo.

- Hacemos una cosa, te hago un masaje* hasta que te duermas.

- Eso, un masaje, ¡bien!.

Masaje: Cosquillitas por la espalda, cara y cabeza.¡Supereducativos!.

La fotografía es de cuando era bien pequeña, también ahí los pedía, y ahora con la misma cadena que lleva al cuello, hace apenas una semana que ha hecho la comuníón.

sábado, 16 de mayo de 2009

Un día, una vida, un lugar, y un final



Abro el libro que leí hace unos días y me encuentro con este trozo que me gustaría compartir:

Una vida sin misterio es una vida desprovista de poesía, incapaz de acoger profundamente la belleza. Una vida que se mira en el espejo y, remirándose, ya no puede hacerse preguntas.

"Cada palabra es una semilla",
Susanna Tamaro
.

Así me pasa con las cosas, me pregunto ¿por qué ese árbol con esa forma?, ¿por qué la flor tiene esos matices de color?. ¿Por qué las mariquitas tienen puntos negros o porqué la vida es transformación, movimiento..?. ¿Qué es el alma?, si ni la veo ni la toco.

Preguntarme tantas y tantas cosas es lo que me hace estar viva. Comunicarse y encontrar a alguien que sea capaz de responder o de crear más incertidumbre es también parte del juego.

Y nos hacemos viejitos, mejor, ¿Quién desea volver a nacer?.

Un día, una vida, un lugar, y un final.

martes, 12 de mayo de 2009

Cuentos


Poli se llamaba mi profesor de lengua y literatura. Continuamente entraba por la puerta alborotando nuestra creatividad. Para finales del trimestre quiero un cuento bien contado, nada de faltas, ¡me tenéis que sorprender!.

Un tipo más bien bajo y con la cara de sufrida pubertad, así era Poli. Arrogante, ¿Tú te crees que está bien?, no, claro, y explicaba el porqué.

¿ Hay que hacer dibujos?, pregunté.

Poli agudizó aún más nuestro ingenio. Imaginar el cuento que siempre quisisteis leer, tendrá dibujos, una buena presentación, diálogos y ninguna falta de ortografía, a lo que añadió, cada cinco faltas, un punto menos de nota.

Me entró un ansia irreconocible de pasar por encima de Íñigo, pues él era de los de “yo lo sé todo y ahora te lo explico” y eso me sacaba de quicio. Ver el diez en su cuento, me producía escalofríos, quizá porque muchas veces su cabeza estaba cargada de cemento y siempre tenía estrategias para ganar.

Empeñé todo mi esfuerzo, tanto, que olvidé los dibujos y apenas tuve una semana para acabarlos. Por aquel entonces mi madre trabajaba en una imprenta, con lo cual no me fue difícil conseguir las mejores tapas.

Llegó el día de la presentación. En una milésima de segundo ojeé el cuento de Íñigo, que con una calma irrefutable entregaba al profesor. La espera fue larga.

Íñigo, un diez.

Cinco faltas me situaron por debajo. Mientras algunos trabajan, otros se han perdido en sus sueños.