
Ahora es cuando uno piensa en la de veces que hemos apagado la luz antes de irnos a la cama, el cálculo de los días divertidos, los tristes, de aquellos que se quedaron atrás. El año 2009 empezó raro. Un enero repleto de esperanza, energía y un febrero que negó todas aquellas promesas que se hacen antes de comenzar el nuevo año, llegó bien negro. Hay que escoger caminos, pensé. Y levanté. Porque si hay algo bueno después de una muerte inesperada, es que piensas que quizá esté pidiendo a gritos que continúes el camino sin perder el equilibrio y que se encarga de cuidarte, como lo haría yo, como lo haríamos todos. Y 2009 ha sido el año en que todo ha cambiado.
Pasan los días, los meses, y nos vemos en un diciembre tranquilo, en familia. A las puertas del 2010 una ya no sabe. Hace mucho tiempo leí que si el arte crea historias y lenguajes, es porque la vida está lejos de ser perfecta.
Mi mayor felicidad para todos. Siempre.





